El secado de café es una práctica utilizada para conservar su valor nutricional, calidad física, organoléptica e inocuidad por períodos de tiempo indefinidos. Al secar este producto agrícola hasta los niveles exigidos en la comercialización (10% a 12%, en la mayoría de ellos), se reduce la actividad del agua a niveles que impiden el desarrollo de microorganismos y disminuye notoriamente su actividad metabólica.